De
entre las artes, no conozco otras más aventureras,
más inciertas y , por lo tanto más nobles que
las artes que invocan el fuego. Su naturaleza excluye o castiga
toda negligencia.
Nada de abandonos, nada de arrepentimientos, nada de fluctuaciones
del pensamiento, del valor o del humor. Imponen, bajo el aspecto
más dramático, el combate obstinado y difícil
del hombre con la forma.
Su agente esencial, el fuego, es también su más
grande enemigo.
Es su agente de precisión temible, cuya operación
maravillosa sobre la materia que se propone a su ardor está
rigurosamente limitada, amenazada, definida, por algunas constantes
físicas o químicas, arduas de observar. |
|
 |
|
Tanto cuando se adormece como cuando se torna
demasiado vivo, el capricho del juego implica un desastre:
la partida se ha perdido.
Perdidos en un instante, el perfil gracioso, el decorado
largamente meditado, la cubierta sabiamente dosificada y
colocada, el tiempo, el dinero, los cuidados, el amor.
Ya se trate del cobre, del vidrio o de la cerámica,
cuando el fuego actúa, el hombre se consume.
Vela y arde: es a la vez un jugador cuya suerte va a ser
decidida por un golpe de dados, y se parece a un alma ansiosa
en ruego.
Paul Valery. |